EL PROCESO DE INCLUIR A LOS
HOMBRES: NOTAS PARA UN DEBATE
EDUARDO LIENDRO
Desde que la categoría de género comenzó a
utilizarse en diversos análisis de la realidad social, ha incluido mujeres como
hombres. Sin embargo, en la práctica, este ha sido un enfoque que se ha
identificado principalmente con la situación y condición de las mujeres. Esto
puede explicarse por el interés político de comprender los mecanismos de
sujeción y opresión de las mujeres, como también porque la mayoría de los
análisis desde una perspectiva de género han sido realizados por mujeres
interesadas en dar explicaciones de las inequidades de poder en cuanto a las
propias mujeres en la sociedad y ofrecer formas de de-construir las relaciones
opresivas y crear espacios de autonomía y auto-determinación.
Si revisamos una propuesta de la Organización
Internacional del Trabajo, "el término
"género" surge como un instrumento analítico, a partir de la
conciencia cada vez mayor de las desigualdades debidas a las estructuras
institucionales. No se fija en las mujeres como grupo aislado y homogéneo, sino
en los roles y necesidades tanto de los hombres como de las mujeres: un enfoque
que requiere aportaciones de unos y de otras con el fin de realizar los cambios
necesarios para alcanzar mayor igualdad entre ellos, puesto que más que
integrar a las mujeres en un proceso de desarrollo dado, se trata de construir
un modelo nuevo que modifique aquellas relaciones de poder basadas en la
subordinación de las mujeres". (OIT, 2002).
Aunque esta definición es amplia, todavía el
análisis e intervención en género está centrado en las mujeres y es todavía
escasa la atención a los roles y necesidades de los hombres o a la interacción
entre ambos, de tal forma que permita realizar cambios hacia una mayor igualdad.
No se trata de una argumentación lastimera de "todavía no nos toman en
cuenta", sino de una inclusión estratégica para incidir más fuertemente en
las estructuras de discriminación y ofrecer alternativas no-opresivas de
convivencia, otras formas de ser y de relacionarse a las generaciones en
crecimiento. Los nuevos modelos basados en relaciones de poder de
no-subordinación están por construirse y tanto las mujeres como los hombres son
estratégicamente necesarios para que esto sea posible.
Muchos de los análisis sobre el enfoque de género
en Latinoamérica de los años 80 y 90 desarrollaron algunas reflexiones sobre la
condición de las mujeres y concluían con una breve apelación para que los
hombres se incorporaran en futuros análisis y búsquedas de alternativas para
relaciones de equidad. Es hasta mediados de los 90 que
inicia la incorporación de los hombres desde la reflexión teórica-académica y
desde la reflexión práctica de la acción. Este proceso no hubiera sido posible
sin el apoyo y la apelación de mujeres feministas que empujaron a muchos
hombres a reflexionar sobre su propia experiencia y sus posibilidades de
cambio. Tanto en México como en la mayoría de los países latinoamericanos el
trabajo teórico y práctico con hombres ha sido realizado con una fuerte presión
del movimiento amplio de mujeres; gracias a ello, muchos hombres iniciamos una
búsqueda que nos explicara y nos diera un lugar social y cultural diferente.
Desde la creación de los primeros grupos y
organizaciones que trabajaron con hombres a principios de los 90, las mujeres
han estado apoyando en lo individual y organizadamente para que esto suceda y
crezca. No es una casualidad que las diferentes expresiones de trabajo directo
con hombres en los diferentes países de la