Cargando Encuesta...
SEGUNDO CONGRESO LATINOAMERICANO DE CIENCIA POLÍTICA
Área temática: "Política y Género"
Mesa: "Políticas, ideología y género"
María Zebadúa Serra
Facultad de Filosofía y letras, UANL
Los referentes generales de la cultura política de los grupos campesinos que participaron en el movimiento agrario en Nuevo León, a excepción tal vez de la región sur más ligada histórica y culturalmente a Tamaulipas y San LuisPotosí que al resto del estado, se relacionan con su pasado histórico, la vida de subsistencia que llevaban en calidad de aparceros, la apropiación simbólica de la tierra que habitaban y trabajaban desde hacía varias generaciones, la construcción imaginaria del poder basada en sus experiencias políticas y laborales, y con su propia identidad campesina. En otras palabras, la cultura política de los campesinos que, protegidos por la ley agraria, se convirtieron en agraristas, se alimentó en el plano de lo material y de lo simbólico.
Con culturas políticas diferentes y hasta cierto grado antagónicas e interactuando en uncomplejo juego de poder, al lado de los campesinos participaron los representantes del gobierno central y regional, y los propietarios. La cultura política de estos grupos se manifestó en cada caso a través de argumentos yacciones.
A excepcióndel período cardenista, en el que el discurso del reparto agrario y las acciones no presentaron contradicciones para la gestión campesina, la cultura política de los funcionarios gubernamentales locales y federales, proyectó los rasgos del poder institucional,vertical y corporativista. Sus formas variaron de acuerdo a la línea sexenal tanto en las expectativas del ejido como unidad de producción, como al modelo de desarrollo que se planteaba desde el gobierno central.
A su vez, los propietarios de tierras legalmente afectables de acuerdo al artículo 27 constitucional, sustentaban una cultura política basada en el poder económico acumulado por generaciones (originado enla posesión de las mejores tierras y de la mayor parte del agua de riego) y en el poder político que les confería el formar parte de las autoridades regionales, o estar vinculados a ellas a través de lazos familiares o de amistad. Este grupo fue adversario del reparto agrario, su fuerza y habilidad en el manejo de las estrategias de la política formal, retrasaron los trámites de la entrega de tierras e incidieron en que éstas, fueran en su mayor parte de temporal o monte.
Por último, el grupo al que en adelante nos referiremos con mayor detenimiento, los campesinos, que protegidos por la ley agraria, se transformaron en agraristas. Alejados de los debates de la política formal al inicio el reparto agrario, la cultura política de los varones se circunscribía a los tratos con los patrones y algunos trámites legales (nacimientos,casamientos, defunciones) que realizaban en la cabecera municipal; para las mujeres, la política forma era un terreno inexplorado. En la vida cotidiana, las familias y en particular las mujeres, mantenían el ejercicio de la política informal cuando transmitían a sus hijos los conocimientos y valores del grupo campesino, cultivaban la tierra, practicaban la medicina herbolaria y cuando entregaban al patrón su parte y, si había excedente, comercializaban lo no requerido para el sustento diario.
Si bien estos grupos fueron los principales protagonistas del proceso de formación ejidal en la región centro-sur de NuevoLeón, hubo otros que en forma indirecta –o temporalmente directa- influyeron enla toma de decisiones, en las acciones realizadas y en el resultado de lareforma agraria. Nos referimos, a grupos de agraristas portadores de unacultura política revolucionaria que asesoraron a los líderes naturales de los poblados campesinos y a los agraristas que pusieron en jaque al gobierno enotras entidades del país, cuya imagen servía de estímulo a los agraristas de esta región a la vez que provocaba hacia ellos la aversión social de las clases medias y altas.
Un aspecto que influyó en la política agraria en este estado que no hay que olvidar, es que mientras se efectuaba el proceso agrario, en el área metropolitana de Monterrey desarrollaba una pujante industria con el apoyo gubernamental, que habría desocavar la situación del campo e incidir en la relación de los campesinos conel sistema político reflejada, material y simbólicamente, en la culturapolítica de los campesinos.
En esta exposición me referiré a los protagonistas del agrarismo, hombres y mujeres de la región centro-sur, argumentando que cuando dio inicio el reparto agrario, la ausencia de un pasado revolucionario vinculado en forma ancestral a la posesión de la tierra, sumado al relativo aislamiento en el que vivían las familias campesinas desde hacía varias generaciones y al peso de la autoridad que, en forma paternal o con la frialdad de la relación patrón-trabajador, ejercían los propietarios y las autoridades gubernamentales (vinculadas a ellos) sobre los campesinos, habían producido una cultura política que combinaba la aceptación del poder vertical y la cultura heredada constituida por los saberes, las habilidades, el arraigo material y simbólico a la tierra y, particularmente, su identidad campesina.
La memoria colectiva -"primordiales" y de sus descendientes- revivió las vicisitudes de la vida pre-ejidal, del período de lucha y la integración de los ejidos. Los testimonios mostraron que lascondiciones de vida y de lucha a lo largo de las siete décadas variaron al ritmo de las políticas gubernamentales, del deterioro del campo, la migración masiva y la propia dinámica de las comunidades campesinas, originando una reconformación de su cultura política que no significó la concreción de un proyecto campesino unificado. La unión espontánea entre grupos sólo se produjo en momentos de crisis, por lo regular fue impuesta por decreto aglutinando a los campesinos en la centrales campesinas del partido oficial de donde provenían las líneas políticas de acción. Casi sin excepción, los líderes naturales de cada poblado asimilaron la negociación con el poder oficial como el único medio para obtenerla tierra que ocupaban y que simbólicamente les pertenecía.
Sin tajantes rupturas, la lucha transitó de los primeros tiempos (añosveinte a cuarenta), caracterizados por un relativo aislamiento de los poblados campesinos, por la clandestinidad impregnada por el espíritu de agrarista cardenista y una participaciónpolítica femenina de carácter informal a la segunda mitad del siglo XX (años cincuenta a ochenta) cuando el reparto de tierras se contrajo, se manifestaron, la crisis de los ejidos ya constituidos y la agresiva expansión del capitalismo con propuestas de proyectos de "modernización" para el campo, fue también el tiempo en el que loscampesinos utilizaron para realizar sus trámites herramientas legales: amparos, oficios, discursos en foros agrarios, entrevistas con funcionarios, etcétera y en el discurso oficial, se manejó la incipiente incorporación de las mujeres a los procesos políticos yproductivos (a partir de los cincuentas). El eje detodos los tiempos, fue el sentido de pertenencia en cada grupo y la firmedecisión de obtener la tierra.
El ardor agrariolegalizado en la constitución de 1917, que en las décadas de los veinte ytreinta se mantenía vivo entre grupos de otras regiones del país, no parecehaber sido compartido por los campesinos de la región centro-sur de Nuevo León.Para ellos, la posibilidad ejidal, conocida a través de agraristas de otrasregiones, dinamizó el descontento laboral y la inseguridad de conservar sushogares en el campo que les pertenecía porque representaba su mundo material y simbólico. Las familias de los "primordiales" no habían llegado enbusca de tierra donde asentarse, cultivar y criar a sus animales, como fue el caso de quienes fueron invitados por ellos para completar el número requerido por la ley para la formación de cada ejido. Por generaciones habían trabajado para los patrones sin contar siquiera con el salario señalado por la ley ni un excedente agropecuario para comercializar en forma regular.
Durante los primeros tiempos de lucha (años veinte a cuarenta), el agrarismo de esta región se ligó al concepto que guiaba las acciones de los agraristas de Tamaulipas y Veracruz, cuyos líderes llegaron para asesorarlos en su mismo entorno cotidiano; sólo algunos líderes naturales de la región centro-sur, se trasladaron a los centros de mayor combatividad para "aprender" las estrategias delagrarismo. A ello se sumó el apoyo que recibieron de los agentes del gobierno, técnicos e ingenieros del cardenismo que compartían la causa agraria y su espíritu de lucha, quien es los asesoraron y les transmitieron un sentido político, desconocido para ellos que modificaría la línea de lucha. Por más de dos décadas este vínculo se verificó en los hechos. Cuidándose siempre de los propietarios y sus fieles, en esta época la asesoría y los planes deacción fueron clandestinos. Como en otras regiones del país, este período fue en el que se obtuvo lamayor extensión de tierra y volumen de riego.
No obstante la directriz programática y operativa del agrarismo radical, que activó la conciencia política de los líderes campesinos de diversos poblados enclavados en los municipios que forman la región estudiada (Rayones, Linares, Hualahuises,General Terán, Cadereyta, Santiago y Montemorelos) y pudo ser el eje aglutinador de la diversas movilizaciones campesinas, no generó una culturapolítica crítica y propositiva. Las experiencias como agraristas y el derecho constitucional que legalizaba su lucha, no fueron elementos suficientes para enfrentar el peso del partido oficial cuando apartir de los años cuarenta, las centrales campesinas (Confederación Nacional Campesina -CNC- y Central Campesina Independiente -CCI-), coptaron los movimientos campesinos a través de una adscripción no siempre voluntaria sino automática (al presentar una solicitud de dotación ejidal, los peticionarios quedaron inmediatamente adscritos a una de las dos centrales).
En su mundo cercano se guía presente el poder de las autoridades locales y el de los propietarios, éste último, validado por las mismas autoridades locales y federales, y en gran medida, por los mismos campesinos que no habían logrado romper la creación imaginaria del poder inamovible que confería a los propietarios el derecho a las mejores tierras y al agua de riego, por la que no lucharon los agraristas de esta región.
En consecuencia, la acción del liderazgo campesinose vio inmersa en una compleja red de normas constitucionales, documentoslegales, aplicaciones arbitrarias y asesorías oficiales que, a pesar de estarcada vez más apartadas de aquellas de la época del cardenismo, constituían elúnico vínculo entre la determinación campesina de obtener la tierra y lasautoridades que extenderían los certificados de dotación ejidal. Presentando una posición combativa e incluso agresiva en los momentos en los que estuvo en peligro su permanencia en las tierras de aparcería, que se convertirían enejidales, los campesinos se ligaron a un poder político vertical, antes nodesconocido para ellos, que ahora se ampliaba desde la federación.
Con la certidumbrede que el gobierno era su aliado, a partir de los años cincuenta los agraristassiguieron la tramitación señalada por las autoridades. Esta conducta fue unaconstante a lo largo de las siete décadas que duró el reparto agrario (años veinte aochenta), a pesar de que a partir de los últimos años del proceso de formaciónejidal, la problemática del reparto agrario se acentuó ante la renuencia delpoder local y la falta de interés del gobierno central para su realización.
En síntesis, la visión sobre el ejercicio de lapolítica que tenían los campesinos al inicio del movimiento agrario, no rompió con el protocolo de la tramitación oficial, su evolución giró en torno a loscambios que se daban en la línea gubernamental, a las medidas adoptadas por lospropietarios contra el reparto de tierras, a las condiciones particulares decada comunidad y a su propia experiencia política; todo ello formó parte del sucultura política.
Al ingresar al movimiento agrario, los "primordiales" varones de los primeros tiempos aprendieron a enfrentar legal y subrepticiamente los obstáculos que los propietarios y la misma burocracia ponían ante sus demandas, desarrollaron estrategias de lucha y se desenvolvieron como líderes naturales convertidos en agraristas que no cejarían en la lucha hasta obtener la tierra ejidal de acuerdo a la ley agraria. Con el mismo ahínco de sus antecesores, los "primordiales" de los años cincuenta en adelante, sostuvieron una lucha que como antes, nocareció de violencia y muertes, pero que cambió la clandestinidad por nuevas herramientaslegales: demandas, amparos, denuncias en foros agrarios y a través de cartas yentrevistas personales con autoridades municipales, estatales y federales.
2. Cultura política y género
La lucha agraria colocó a los hombres de los poblados campesinos en el centro dela política formal dirimida en los espacios públicos. Fueron ellos quienes encabezaron elmovimiento, realizaron los tramites, se enfrentaron ala burocracia política y a los terratenientes, y recibieron la tierra. Los campesinos aparecieron en el ámbitopublico y acumularon, poco a poco, unaserie de experiencias que habrían demodificar su cultura política bajo el esquema gubernamental delcorporativismo, la demagogia de losdiscursos y el esquema paternalista que consideraba a los habitantes del campo como ignorantes a quienes se debíaconducir por la vía de la modernidad (productividad, sanidad y control de lanatalidad, entre otros rubros). Convertidos en ejidatarios, algunos líderes naturales fueron absorbidos por el engranajede las centrales campesinas oficiales ocupando puestos de poder medio einferior, otros enfocaron sus energías hacia el interior de sus ejidos en losque conservaron y heredaron a sus descendientes el poder obtenido por losméritos de ser, los "primordiales".
Para las mujeres, la situación emergente delagrarismo significó fortalecer las acciones cotidianas que, en este tiempocrítico, se transformaron en acciones propias de la política informal nocircunscritas a un espacio determinado (el público) como se ha sostenido en elmodelo tradicional, sino abarcó al mismo tiempo, la esfera privada. En palabrasde Iris Marion Young (1990)aludiendo a situaciones similares, "la política tiene lugar en el espaciopúblico heterogéneo".
Sin embargo su situación era diferente a la de losvarones. Más de tres décadas de las siete que abarcó el movimiento agrarista enla región estudiada, las mujeres no contaron con derechos constitucionales paraejercer la vida ciudadana en iguales condiciones que los varones. Y aún cuandoen los cincuenta se obtuvo el derecho al sufragio y se instalaron en cadaejido las mesas directivas de la Liga Femenil Agraria en cada comunidad y en los setentas selegisló la formación de las Unidades Agroindustriales de la Mujer en cada ejido, lacultura política internalizada genéricamente desde laniñez, reafirmada en la adolescencia y transmitida en la adultez, las colocófuera del debate político real: a los varones correspondían la política y laproducción, y a las mujeres, lo relativo a la vida doméstica cotidiana vistacomo el nicho de lo privado, lo íntimo, lo no político.
Esta circunstancia se materializó desde el iniciodel proceso ejidal. Ellas no participaron sino de manera excepcional en lasjuntas secretas, los trámites oficiales y en los acuerdos y desacuerdos con lospatrones, tampoco recibieron los certificados de dotación ejidal ni formaronparte del comisariado ejidal y el consejo devigilancia, órganos en los que recaía la toma de decisiones que afectaba a todala comunidad ejidal. Su labor se desarrolló en el ambiente de la vida domésticacotidiana de la reproducción biológica y social, sin la cual los gruposcampesinos no habrían podido lograr su objetivo.
Si bien a lo largo del proceso agrario, elcontenido de los discursos de aquellos agraristas que los asesoraron, los devarones de su comunidad y los de los representantes de la ley fue internalizado por las mujeres fortaleciendo su identidad degrupo y espíritu combativo de resistencia, el concepto de poder prevalecíacuando aceptaban, como los varones, el marco legal como única opción para obtener los certificados de dotación ejidal. Sin romper con el modelo androcéntricode herencia ancestral, desarrollaron una cultura política comprometida, diligente y creativa ligada a su identidad campesina y a la solidaridad de grupo; la lucha desde la perspectiva institucional era de los varones, la lucha en la vida cotidiana era de ellas. No importaban los obstáculos, los enfrentamientos e, incluso, las muertes, lasmujeres fortalecieron con su valor la permanencia de las familias en las tierras que ocupaban y que no querían perder aún cuando en la mayoría de loscasos carecían de agua para el riego de sus cultivos.
En síntesis, la cultura política de los hombres y de las mujeres en este período histórico de formación ejidal, evolucionó demanera distinta en unos y otras de acuerdo a su pasado histórico culturalfamiliar y comunitario, a la experiencia vivida en forma personal y comunitariadurante el período agrarista y a la resignificación que en cada caso hicieron de su papel como seres sociales. Elpunto de convergencia fue el objetivo común: obtener la tierra.
3. El resultado del reparto agrario como comentario final
En el transcurso de siete décadas (años veinte a ochenta), se extendieron 9,740 certificados de dotación ejidal distribuidos en 158 ejidos que se conformaronen una extensión total de 243,545 hectáreas, de las cuales, el 80.2% correspondió a tierras de cerril y agostadero, 15.4% a las de temporal, y sóloel 4.3% a las de riego. Las cifras hablan por si mismas, la reforma agraria no creó las condiciones necesarias para que los ejidos pudieran convertirse en algo másque un importante espacio de residencia rural.
Laposibilidad de incrementar el producto de sus cultivos, a través definanciamientos y asesorías, estuvo mediado por los lineamientos oficiales ylas centrales campesinas, y fracasó en la mayor parte de los casos. Recibir la tierra no significó para los titulares de las parcelas y sus familias acceder a una mejor posición económica comparada con la de los minifundistas. En el marco del estado "benefactor" impulsor del desarrollo capitalista, los campesinosnuevoleoneses solo contaron como posible fuerza de trabajo para las agroindustrias y para las industrias urbanas. Sin embargo, lad ecisión de no abandonar la tierra fue inflexible.
En el sentido de la identidad y la cultura campesina, los campesinos que se mantuvieron en los poblados ejidales, consideraron este resultado como un triunfo: poseían la tierra por la que lucharon, su identidad y sentido de pertenencia no se había fracturado, habían obrado de acuerdo al criterio que su cultura política les señalaba como justo. En ese tono, resistieron sin replicar en forma comunitaria, ante la reforma delartículo 27 constitucional, ahí, en esa tierra, sobrevivirían con el apoyo económico de sus hijos y familiares que habían migrado.
En el primer año del siglo XXI, el proceso de recomposición social en los poblados incluye el arribo de personasde campo o de ciudad, que han comprado parcelas para cultivarlas (con riego através de la perforación de pozos) o para utilizarlas como estancias decampo. En medio de los cambios, algunosmiembros de las familias fundadoras continúan firmes en la tierra por la quelucharon. Se trata de un proceso inacabado en el que la resistencia al abandono de la tierra adquiere nuevas formas y simbolismos que los articulan y arraigan a su pasado cultural y los que, a la vez, generan nuevas formas sociales y culturalesque constituyen una nueva cultura política, difícilmente definible aún.
Archivo de la Secretaría de Reforma Agraria (ASRA)
1920 - 1985 Sub-delegaciónNuevo León, expedientes 283, 251, 192, 346, 725, 274, 1257 y 1507.
1920 –1980 Sub-delegaciónNuevo León, Expediente 88, Datos Globales,
Fojas 141.
1989 Subdelegación de Organizacióny Desarrollo Agrario Nuevo León, Relación de las UAIM constituidas: Promotoría I al X.
Archivo General del Estado (AGENL)
1828 – 1936 Salud, publicación del Archivo, tomosI y II.
1890-1930ÍndiceGeneral del Periódico Oficial de N. L.
1910 – 1917 Educación, publicación del Archivo, tomos I y II.
Archivo Municipal de Montemorelos (AMM)
1933 – 1934 Caja 40
1931 Caja 39
1938 Correspondencia Oficial
1933-1934 Oficios recibidos
Bartra, Armando
1999 "De viejas y nuevas reformas agrarias. Hacia una cartografía del cambio rural para el fin del milenio", conferencia magistral, II Congreso de Desarrollo Rural y Cultura Campesina, Monterrey, N. L.
Bartra, Roger
1985 Estructura agraria y clases sociales en México, Serie popular Era,
Instituto de Investigaciones Sociales/ UANM, México, D. F.
Comisión Económica para la América Latina –CEPAL-
1986 Economía campesina y agricultura empresarial (tipología de productores del agromexicano), 3ª. Edición, Ed. Siglo XXI, México,D.F.
Echegollen Guzmán, Alfredo
1998 "Cultura e imaginarios políticos en América Latina", en Metapolítica,revista trimestral de teoría y ciencia de la política, Volumen 2, Número 7,México, D. F., Centro de Estudios de Política Comparada, A. C.
Granados, Otto
1983 Las organizaciones campesinas, México,D. F., Ediciones Océano, S. A.
Gutelman, Michel
1986 Capitalismo y reforma agraria en México, Colección Problemas de México, Ediciones Era,México, D. F.
Hernández, Luis y Pilar López
1990 "Campesinos yPoder: 1934- en Carlota Botey yEverardo Escárcega (coordinadores generales), Historia de la Cuestión Agraria Mexicana. El cardenismo un parteaguas en el proceso agrario (segunda parte) 1934-1940,Tomo 5, Editorial Siglo XXI y el Centro de Estudios Históricos del Agrarismo en México, México, D.F.
Ianni, Octavio
1987 El Estado Capitalista en la Época de Cárdenas, Serie popular Era, México, D.F.
Leyes y Códigos de México
1991 Ley Federal de Reforma Agraria,Editorial Porrúa, S..A., México.
Ley Agraria
1992 Ley Agraria y Ley Orgánicade los Tribunales Agrarios, Ediciones Delma, México.
Rubio, Blanca
1987 Resistencia campesina y explotación rural en México, Colección Problemas deMéxico, Ediciones Era. México.
Sieglin, Veronika
1994 "Ejidos: entre la acumulación y la descapitalización. El centro-sur de Nuevo León(1950-1970)" Mario Cerutti (ed)"Producción, ejidos y agua en el noreste de México", Fac. de Filosofía y Letras, UANL, Monterrey, México.
Young, Iris Marion
1990 "Imparcialidad y lo cívico público. Algunas implicaciones de las críticas feministas a lateoría moral y política", en Seyla Benhabib y Drucilla Cornell (comps.) en Teoría feminista y teoría crítica, Valencia, Ed. Alfons El Magnanim.
Zebadúa, María
1996 "Género,política y vida cotidiana", en Veronika Sieglin (compiladora) Mujeres en el campo a finales delsiglo XX. Desarrollo rural y género, Cuadernos del Topo, Monterrey, N. L.
Ejidatariosy ejidatarias "Primordiales" de la región centro-sur de Nuevo León
1989 – 1994
Familiaresde "Primordiales" de la regióncentro-sur de Nuevo León
1989 – 1994
Licenciatura en Historia
Maestría en Metodología de la Ciencia
Docente e investigadora de la Facultad de Filosofía y Letras, UANL